El domingo mi viejo declaró sus planes de convertir el -ahora- estudio, en un consultorio para mí, y algo más sobre mantener a mis futuros pacientes a raya con un fierro. Mi vieja me prometió que no, que yo me iba a mudar de mi casa cuando quisiera y que el estudio iba a ser un living.
Yo estoy juntando plata para tatuarme un pajarito en las costillas, en plan rebeldía absurda, sentimental y pajera.
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