Me sirvo una coca con tres hielitos que se transforman lentamente en una baba aguachenta, porque me quedo sujetando el vaso sin tomar un sorbo.
*avisame cuando tengas ganas de hablar (enter)
*me voy a ordenar la pieza (enter)
Ordenar la pieza fue tender una cama, tirarme encima, estrujar un almohadón, pasar el dedo por el lomo de un libro que reposaba en la mesita de luz.
Casi nunca peleamos. Yo casi nunca me enojo porque me hago la tipa copada. Él se enoja poco y cuando pasa, yo me transformo en un manojo de nervios que llora, moquea y se desespera por un abrazo, algún contacto de piel a piel, algo que diga “estoy acá, solamente estoy enojado”. Hoy no; hoy simplemente se siente como un día malo. Hoy un problema no me paraliza el mundo, sino que se queda en remojo mientras hago zapping buscando una película de miedo o espero a que se hagan las seis para sentarme en la vereda con una amiga (diría que a mirar como baja el sol, pero hoy está nublado).
Que un problema esté en remojo implica que en algún momento lo voy a tener que tender al sol. Pero falta y de todas maneras, va a avisarme cuando tenga ganas de hablar.
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